Núm. 15 (2018): Lo incompleto

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Para una revista con una historia tan fragmentaria y azarosa como Upsalón, era simple cuestión de tiempo dedicar un número a lo fragmentario y lo azaroso. Más específicamente, a las obras artísticas y literarias que han sabido explotar sus grietas y faltantes, convertir lo que pareciera una desventaja en un estimulante nuevo modo expresivo, tal como Upsalón lo ha hecho desde el 2004 hasta hoy. Los numerosos cambios de estructura, temática, enfoque o diseño, más visibles a causa de los largos espacios de tiempo que suelen transcurrir entre un número y otro, son acaso la mayor fortaleza de la revista, que sabe adaptarse a cada época y huir de la comodidad de las rutinas literarias. A nuestra revista, es decir, a nuestros sucesivos editores, nunca llegó la comodidad, así que hemos optado por renegar de ella y celebrar la aventura indudable que resulta cada año intentar imponer contra viento y marea nuestros gustos artísticos y literarios sobre el gusto de los demás. Si un lector del futuro quisiera conocer qué se leía en la Facultad de Artes y Letras en tal año, le recomendamos consultar el número de Upsalón correspondiente, como el arqueólogo que vislumbra la extinta Roma a través de los fragmentos de una vasija.

Hemos tratado de mostrar las diversas causas por las cuales la no completitud puede marcar una obra artística o literaria. La más obvia y frecuente es la muerte prematura del autor, pero hay otras: la simple pereza, la súbita esterilidad creativa, el peso de la pertinencia social, la intención de fabricar un texto que muestre sus costuras, el laberinto de sentido de la intertextualidad, que acaso está implícito en todas las obras, y que las hace a todas incompletas en el fondo. Cualquier texto, y entiéndase texto en su definición más amplia, se hace fragmentario además en el instante de su recepción. No vimos el detalle del cuadro que quizás ilumina el título, dejamos a la mitad una novela o un cuento, leemos un poema y luego solo recordamos el final, empezamos a ver una película un día y la terminamos la semana siguiente. El arte está destinado a ser fragmentario porque es fragmentaria nuestra percepción de la realidad y nuestra memoria.

Publicado: 2018-09-18

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